Dolor en el empeine del pie: causas y cómo aliviarlo

  • Sobrecarga, calzado, tendones y pisada pueden estar detrás de las molestias en esta zona del pie.
  • La inflamación, la dificultad para apoyar o un dolor persistente pueden indicar que conviene valorar la lesión.
dolor empeine

El dolor en el empeine puede aparecer después de caminar más de lo habitual, estrenar calzado, realizar ejercicio o incluso sin recordar ningún golpe concreto. La zona superior del pie está formada por huesos, tendones, ligamentos y articulaciones que trabajan de forma constante al caminar, correr o mantener el equilibrio.

Una molestia leve puede deberse a una sobrecarga y mejorar con reposo relativo, pero cuando el dolor persiste, aumenta al apoyar o se acompaña de inflamación conviene valorar otras posibles causas.

La localización exacta, el tipo de dolor y el momento en el que aparece ayudan a orientar si el problema procede de los tendones, los huesos, las articulaciones o de la forma de apoyar el pie.

Qué es exactamente el empeine del pie

El empeine corresponde a la parte superior del pie, entre los dedos y el tobillo. En esta zona se encuentran los huesos del tarso y metatarso, además de varios tendones extensores que permiten levantar los dedos y el propio pie. También pasan por esta región pequeños nervios y vasos sanguíneos.

Por eso, un dolor localizado en el empeine puede tener orígenes muy diferentes, desde una irritación superficial provocada por el calzado hasta una lesión por sobrecarga de los huesos.

Por qué puede doler el empeine

La causa más frecuente suele ser una sobrecarga mecánica. Caminar o correr más de lo habitual, aumentar bruscamente la intensidad del ejercicio o utilizar un calzado poco adecuado puede irritar estructuras que hasta ese momento no daban síntomas.

También influyen la forma del pie, el tipo de pisada, el peso corporal y determinadas alteraciones articulares. Problemas como los pies planos pueden modificar la distribución de las cargas y favorecer molestias en distintas zonas del pie.

Entre las causas más habituales se encuentran:

  • Sobrecarga del pie.
  • Tendinitis de los extensores.
  • Calzado demasiado ajustado.
  • Fracturas por estrés.
  • Artrosis.
  • Alteraciones de la pisada.
  • Traumatismos.
  • Inflamación de articulaciones.
  • Compresión de nervios.

El patrón del dolor permite diferenciar unas causas de otras.

Sobrecarga por caminar o hacer ejercicio

Una de las causas más frecuentes es aumentar demasiado rápido la actividad física.

Puede ocurrir después de:

  • Caminatas largas.
  • Carreras.
  • Senderismo.
  • Entrenamientos intensos.
  • Cambios bruscos de superficie.
  • Incorporación de nuevos ejercicios.

El dolor suele aparecer progresivamente y puede aumentar al caminar o al apoyar el pie. En estos casos, reducir temporalmente la carga y volver a la actividad de forma progresiva suele ayudar.

No obstante, si el dolor está muy localizado en un punto o empeora con los días, conviene descartar una lesión ósea.

Tendinitis de los extensores

Los tendones extensores recorren la parte superior del pie y permiten levantar los dedos. Pueden inflamarse por sobreuso, ejercicio repetitivo o presión mantenida del calzado.

El dolor suele sentirse en el empeine y empeorar al mover los dedos hacia arriba o al caminar. También puede aparecer sensibilidad al tocar la zona.

Unas zapatillas demasiado ajustadas o con los cordones muy apretados pueden aumentar la presión sobre estos tendones y favorecer la irritación.

Calzado demasiado ajustado

No siempre existe una lesión interna. En algunas personas, el dolor aparece simplemente porque el calzado ejerce presión directa sobre el empeine. Es especialmente frecuente con:

  • Zapatillas muy cerradas.
  • Calzado deportivo con cordones excesivamente tensos.
  • Botas rígidas.
  • Zapatos con poco espacio en la parte superior.

Si el dolor aparece al ponerse determinados zapatos y mejora al quitarlos, este factor debe tenerse en cuenta.

Modificar el ajuste del calzado o cambiar el sistema de cordones puede reducir la presión. Un zapato demasiado estrecho también puede favorecer hormigueo o adormecimiento, algo que se explica con más detalle en el artículo sobre por qué se duermen los pies.

Dolor en el empeine sin inflamación

La ausencia de hinchazón no descarta una lesión. Una tendinopatía leve, una alteración de la pisada o una sobrecarga pueden provocar dolor sin cambios visibles. También determinadas lesiones por estrés pueden comenzar únicamente con molestias al apoyar.

Por eso, si el dolor persiste, aunque no haya inflamación, conviene valorar cuánto tiempo lleva presente y si empeora con la actividad.

Fractura por estrés

Las fracturas por estrés son pequeñas fisuras del hueso provocadas por cargas repetidas. No suelen deberse a un golpe fuerte, sino a microtraumatismos continuos.

Son más frecuentes en personas que corren, practican deportes de impacto o aumentan de forma brusca su actividad. El dolor suele ser bastante localizado y empeora al caminar o correr. En fases iniciales puede disminuir con el reposo y reaparecer al volver a apoyar.

Una radiografía puede no mostrar algunas fracturas por estrés al principio, por lo que en determinados casos pueden ser necesarias otras pruebas de imagen.

Dolor después de un golpe

Un traumatismo directo puede provocar desde una simple contusión hasta una lesión ósea. Conviene realizar una valoración médica si después de un golpe aparece:

  • Hinchazón importante.
  • Hematoma.
  • Dolor intenso.
  • Imposibilidad para apoyar.
  • Deformidad.

Una radiografía puede ayudar a descartar una fractura.

Alteraciones de la pisada

La forma en la que se distribuye el peso al caminar puede aumentar la presión sobre determinadas partes del pie. Los pies planos, un arco muy pronunciado o alteraciones del apoyo pueden generar sobrecargas repetidas.

En algunos casos el problema no se limita al empeine y también aparecen molestias en el talón, la planta del pie, el tobillo o incluso la rodilla.

Cuando el dolor se repite con frecuencia, puede ser útil realizar un estudio de la pisada. En determinados casos, las plantillas ortopédicas ayudan a distribuir mejor la presión y a corregir algunas alteraciones biomecánicas.

Artrosis y desgaste de las articulaciones

Las articulaciones de la parte media del pie también pueden desarrollar artrosis. El desgaste del cartílago puede producir dolor al caminar, rigidez y, en determinados casos, inflamación. Es más frecuente con la edad o después de lesiones previas. El dolor suele aumentar después de caminar durante mucho tiempo o permanecer de pie.

En algunos casos pueden aparecer pequeñas prominencias óseas en la zona superior del pie que también rozan con el calzado.

Puede estar relacionado con otras zonas del pie

El dolor en el empeine no siempre aparece de forma aislada. Las alteraciones mecánicas que cambian la distribución del peso también pueden provocar problemas en otras zonas.

Por ejemplo, la metatarsalgia provoca dolor principalmente en la parte anterior y plantar del pie y suele relacionarse con una sobrecarga de los metatarsianos.

Algo similar ocurre con determinadas alteraciones nerviosas. El neuroma de Morton suele provocar dolor, quemazón, hormigueo o sensación de descarga en la zona del antepié y los dedos.

Aunque estas patologías no afectan exactamente a la misma zona que el empeine, pueden modificar la forma de caminar y provocar sobrecargas secundarias. La localización exacta ayuda a diferenciar cada problema.

Qué hacer para aliviar el dolor

Cuando el dolor es leve y ha aparecido después de una sobrecarga, pueden adoptarse algunas medidas iniciales.

  • Reducir temporalmente la actividad. No siempre es necesario permanecer inmóvil, pero conviene evitar durante unos días las actividades que provocan dolor. Correr, saltar o realizar caminatas largas puede mantener la irritación. El regreso al ejercicio debe realizarse de forma progresiva
  • Aplicar frío. Si existe inflamación o la molestia ha aparecido después del ejercicio, puede aplicarse frío protegido por un paño durante periodos breves. No debe colocarse hielo directamente sobre la piel.
  • Revisar el calzado. Un zapato demasiado rígido o ajustado puede empeorar el problema.Conviene utilizar calzado cómodo, con espacio suficiente y que no presione la zona superior del pie.Si el dolor coincide con un cambio reciente de zapatillas, este dato puede resultar especialmente relevante.
  • Elevar el pie. Cuando existe hinchazón, mantener el pie elevado durante periodos de descanso puede ayudar a reducirla.

¿Es bueno masajear el empeine?

Depende de la causa. Un masaje suave puede resultar agradable en algunas sobrecargas musculares o tendinosas.

Sin embargo, no conviene ejercer presión intensa cuando existe sospecha de fractura, dolor muy localizado, inflamación importante o traumatismo reciente. Si el masaje aumenta el dolor, debe evitarse.

Cuándo consultar por dolor en el empeine

Una molestia leve después de un esfuerzo puede mejorar en pocos días. Conviene solicitar valoración cuando:

  • El dolor dura más de varios días.
  • Empeora progresivamente.
  • Aparece incluso en reposo.
  • Existe hinchazón importante.
  • No se puede apoyar el pie con normalidad.
  • Hay un punto especialmente doloroso al tocar.
  • Ha habido un traumatismo.
  • El dolor reaparece cada vez que se practica ejercicio.

También resulta recomendable estudiar los episodios recurrentes, ya que pueden estar relacionados con una alteración de la pisada o una sobrecarga mantenida.

Qué especialista trata el dolor en el empeine

La elección depende del origen del problema.

Podología puede ser especialmente útil cuando existen alteraciones de la pisada, molestias recurrentes o dudas sobre el calzado y las cargas del pie.

Traumatología puede valorar lesiones óseas, articulares o tendinosas, especialmente cuando existe dolor intenso, traumatismo o sospecha de fractura.

Fisioterapia puede formar parte del tratamiento de determinadas tendinopatías y sobrecargas una vez identificado el origen.

En ocasiones puede ser necesario combinar varias de estas opciones.

Qué pruebas pueden ser necesarias

Muchas causas pueden diagnosticarse mediante la exploración clínica.

Cuando existe sospecha de una lesión concreta, pueden solicitarse pruebas como:

  • Radiografía.
  • Ecografía musculoesquelética.
  • Resonancia magnética.
  • Estudio de la pisada.

La radiografía resulta especialmente útil ante traumatismos o sospecha de alteraciones óseas.

La ecografía puede ayudar a estudiar determinadas lesiones de tejidos blandos y tendones.

La resonancia ofrece mayor detalle cuando existen dudas diagnósticas o se sospechan lesiones que no se observan correctamente con otras pruebas.

Evitar que el dolor se repita

Una vez superada la molestia, algunas medidas pueden ayudar a reducir nuevas sobrecargas:

  • Aumentar progresivamente la actividad física.
  • Utilizar calzado adecuado.
  • Evitar zapatillas demasiado ajustadas.
  • Variar las superficies de entrenamiento.
  • Descansar cuando aparezcan molestias.
  • Valorar la pisada si el problema se repite.

El dolor recurrente suele indicar que continúa presente algún factor mecánico que sobrecarga el pie.

Identificar el origen permite tratarlo mejor

El dolor en el empeine puede aparecer por una causa sencilla, como un calzado demasiado ajustado o una actividad física más intensa de lo habitual, pero también puede estar relacionado con tendinitis, alteraciones de la pisada, artrosis o una fractura por estrés.

La duración, la intensidad y la capacidad para apoyar el pie ayudan a determinar cuándo una molestia necesita estudio.

Cuando el dolor persiste, aumenta al caminar o aparece repetidamente, en SaludOnNet se pueden reservar consultas de Podología, Traumatología y Fisioterapia, además de las pruebas diagnósticas que puedan ser necesarias, sin necesidad de seguro médico y en menos de 24 horas.

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