La genética puede determinar más del 50% de la longevidad
- Un nuevo estudio eleva considerablemente el peso de los genes en la duración de la vida.
- Los hábitos siguen siendo clave para envejecer con mejor salud, aunque la genética tenga más influencia de la esperada.

Durante años se ha repetido una idea aparentemente sencilla: la genética explica alrededor del 20 o 25% de la longevidad y el resto depende fundamentalmente del ambiente y de los hábitos de vida.
Una nueva investigación publicada en 2026 en la revista Science obliga a revisar esta afirmación. El estudio estima que la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida humana se sitúa alrededor del 54%, aproximadamente el doble de lo que sugerían muchas de las estimaciones anteriores.
El resultado cambia la percepción sobre el peso que pueden tener los genes en la longevidad. Sin embargo, no significa que el 54% de los años que va a vivir una persona estén escritos en su ADN ni que los hábitos expliquen automáticamente el 46% restante.
La relación entre genética, longevidad y estilo de vida es bastante más compleja.
La genética podría explicar más del 50% de la longevidad
La influencia de la genética sobre la duración de la vida lleva décadas siendo objeto de investigación.
Los estudios realizados con gemelos habían situado tradicionalmente la heredabilidad de la longevidad aproximadamente entre el 20 y el 25%. Incluso algunos grandes estudios genealógicos posteriores redujeron considerablemente esa estimación.
Esta aparente influencia limitada de los genes contribuyó a extender la idea de que el ambiente y el estilo de vida eran los principales responsables de las diferencias en longevidad entre unas personas y otras.
El trabajo publicado en Science por investigadores del Weizmann Institute of Science, Karolinska Institutet, Leiden University Medical Center y otras instituciones plantea una interpretación diferente.
Los autores analizaron datos de gemelos de Dinamarca y Suecia y utilizaron modelos matemáticos para intentar corregir algunos factores que, según su hipótesis, habían reducido artificialmente las estimaciones anteriores.
El resultado sitúa la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida alrededor del 54%.
Esto supondría que la influencia genética sobre la longevidad podría ser considerablemente mayor de lo que se pensaba.
¿Por qué los estudios anteriores daban cifras mucho menores?
Una de las claves está en diferenciar entre mortalidad intrínseca y extrínseca.
La mortalidad intrínseca está relacionada con procesos biológicos y enfermedades vinculadas al envejecimiento.
La extrínseca incluye causas externas que pueden provocar una muerte independientemente de la predisposición biológica de una persona a vivir muchos años, como determinados accidentes o algunas enfermedades infecciosas.
Los investigadores consideran que mezclar ambas puede distorsionar el cálculo de la heredabilidad.
Pensemos, por ejemplo, en dos gemelos idénticos con una predisposición genética muy similar para la longevidad. Si uno fallece joven debido a una causa externa, sus edades de fallecimiento serán muy diferentes, aunque genéticamente sean prácticamente iguales.
Ese tipo de situaciones puede reducir artificialmente la correlación entre genética y duración de la vida.
Al intentar eliminar estadísticamente el efecto de esa mortalidad extrínseca, la influencia atribuida a los genes aumenta.
Del 20-25% a aproximadamente el 54%
Los investigadores utilizaron datos procedentes de diferentes cohortes de gemelos y analizaron tanto personas criadas juntas como separadas.
Sus modelos ofrecen estimaciones de heredabilidad de la longevidad intrínseca situadas aproximadamente entre el 48 y el 58%, dependiendo del modelo utilizado. La estimación conjunta propuesta por los autores es cercana al 54%. Es más del doble de las cifras tradicionalmente utilizadas.
El resultado sitúa además la longevidad en valores de heredabilidad más parecidos a los observados en otros rasgos humanos complejos.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre afirmar que la heredabilidad poblacional puede rondar el 54% y decir que “el 54% de cuánto va a vivir una persona depende de sus genes”. No significan lo mismo.
Qué significa realmente que la longevidad tenga una heredabilidad del 54%
La heredabilidad es una medida estadística aplicada a una población, no una predicción individual.
Una heredabilidad del 54% significa que, dentro de las poblaciones y condiciones estudiadas, aproximadamente esa proporción de las diferencias observadas en la duración intrínseca de la vida podría atribuirse a diferencias genéticas.
No significa que el organismo de una persona tenga programado genéticamente el 54% de su esperanza de vida. Tampoco permite concluir que el otro 46% corresponda exclusivamente al estilo de vida.
En esa parte restante pueden intervenir numerosos factores: ambiente, condiciones socioeconómicas, acceso a atención sanitaria, desarrollo durante las primeras etapas de la vida, modificaciones epigenéticas, azar biológico y, por supuesto, hábitos.
Además, el propio estudio tiene limitaciones. Sus datos proceden fundamentalmente de poblaciones de Dinamarca y Suecia, por lo que los autores señalan la necesidad de comprobar estos resultados en otras poblaciones.
Se trata, por tanto, de un hallazgo importante, pero no de una fórmula matemática capaz de predecir cuánto vivirá una persona.
Para conocer mejor cómo los genes pueden influir sobre la salud también puede consultarse el artículo Cómo influyen los genes en la salud.
Si la genética pesa tanto, ¿siguen importando los hábitos?
Sí. Que la genética pueda tener mayor influencia de la que se pensaba no reduce la importancia de aquellos factores sobre los que sí existe capacidad de actuación.
No fumar, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir adecuadamente y controlar factores de riesgo cardiovascular contribuyen a reducir la probabilidad de desarrollar numerosas enfermedades. También es importante diferenciar entre vivir muchos años y vivir muchos años con buena salud.
Una determinada predisposición genética puede favorecer la longevidad, pero no garantiza llegar a una edad avanzada libre de enfermedades.
Factores como hipertensión, diabetes, obesidad o colesterol elevado pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.
Algunas de estas alteraciones pueden además permanecer durante mucho tiempo sin producir síntomas evidentes. Por eso tiene sentido conocer determinados indicadores de salud y valorar con un profesional qué controles resultan adecuados según la edad y los factores de riesgo.
El artículo Chequeo médico completo: detecta a tiempo lo que no se nota explica precisamente algunos de estos controles.
Vivir más no significa necesariamente vivir mejor
La longevidad no debería medirse exclusivamente por el número de años vividos. Cada vez tiene mayor importancia el concepto de envejecimiento saludable: mantener durante el mayor tiempo posible la capacidad física y mental necesaria para desarrollar una vida autónoma.
Dos personas pueden alcanzar los 90 años y haber tenido trayectorias completamente diferentes. Una puede conservar una elevada autonomía hasta edades muy avanzadas y otra convivir durante años con varias enfermedades crónicas.
Por eso el objetivo de la prevención no es garantizar vivir hasta una determinada edad, algo que actualmente no es posible, sino reducir riesgos modificables y favorecer una mejor salud a lo largo de los años.
La alimentación forma parte de esos factores. Un patrón alimentario basado en alimentos frescos y poco procesados, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas saludables se relaciona con numerosos beneficios para la salud.
¿Qué ocurre con las personas que llegan a los 100 años?
Las personas centenarias resultan especialmente interesantes para la ciencia porque representan una situación excepcional de longevidad.
Los investigadores llevan años estudiando qué diferencia a quienes llegan a los 100 años del resto de la población.
La genética parece desempeñar un papel importante, especialmente cuando se estudia la longevidad excepcional. Pero también se investigan la alimentación, la actividad física, las relaciones sociales, el entorno y otros factores mantenidos durante décadas.
Otro campo de investigación es la microbiota intestinal. Se han observado determinadas características particulares en personas centenarias, aunque actualmente no existe una composición de la microbiota que permita predecir quién llegará a vivir cien años. Por tanto, no existe una receta demostrada para convertirse en centenario.
La longevidad parece surgir de una compleja interacción entre genes, ambiente, hábitos, atención sanitaria y factores biológicos que todavía no se conocen por completo.
¿Puede el biohacking ayudar a vivir más?
El interés por la longevidad ha impulsado también el llamado biohacking, un término que engloba prácticas muy diferentes dirigidas a intentar optimizar el funcionamiento del organismo.
Monitorización continua de variables biológicas, suplementos, ayunos, exposición al frío o diferentes estrategias nutricionales forman parte de un mercado en rápido crecimiento.
Pero no todas estas prácticas cuentan con el mismo respaldo científico. Algunas se basan en comportamientos saludables ampliamente estudiados, mientras que para otras todavía no existen pruebas suficientes de que permitan prolongar la vida humana.
La paradoja es que algunas de las medidas con mayor respaldo científico son mucho menos novedosas: actividad física, alimentación saludable, evitar el tabaco y controlar factores de riesgo como la presión arterial, la glucosa o el colesterol.
Una analítica de sangre permite precisamente conocer muchos de estos parámetros, aunque los resultados deben interpretarse siempre dentro del contexto clínico de cada persona.
Los genes importan más de lo que creíamos, pero no escriben todo el futuro
El estudio publicado en Science modifica una de las ideas más repetidas sobre la longevidad. Después de corregir factores que podrían haber distorsionado investigaciones anteriores, sus autores estiman que la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida humana puede situarse alrededor del 54%.
La genética podría tener, por tanto, aproximadamente el doble de influencia de lo que se venía estimando. Pero los genes no constituyen una sentencia.
La genética puede proporcionar una determinada predisposición biológica y, sobre ella, actuar durante décadas el entorno, los hábitos, las enfermedades, la atención sanitaria y otros muchos factores.
No existe actualmente ninguna estrategia capaz de garantizar que una persona vaya a vivir cien años. Sí existen, en cambio, herramientas para conocer mejor el estado de salud y controlar algunos de los factores de riesgo sobre los que es posible actuar.
En SaludOnNet es posible encontrar analíticas, chequeos médicos y consultas con especialistas en centros de toda España, comparar opciones y precios y reservar directamente online. Porque quizá la cuestión más importante de la longevidad no sea únicamente cuántos años se pueden vivir, sino con qué salud se llega a ellos.






















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