Epilepsia: en qué consiste este trastorno y cómo se trata

Epilepsia

Cada año se diagnostican en España 20.000 nuevos casos de epilepsia. Es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en neurología. Se trata de un trastorno cerebral que provoca convulsiones recurrentes en quien lo padece. Estas crisis se producen al existir un exceso de actividad eléctrica y descontrolada de un grupo de neuronas. Las variaciones en el tejido cerebral hacen que el cerebro esté más irritable y envíe señales anormales. 8 de cada 1000 personas tiene epilepsia, lo que en España se traduce en 400.000 personas afectadas.

Se estima que cerca de un 5% de la población puede tener un ataque epiléptico una vez en la vida. No obstante hay que diferenciar las convulsiones aisladas, que muchas veces tienen que ver con fiebre elevada, estrés o consumo de sustancias nocivas, de la epilepsia. Los especialistas consideran que existe una enfermedad cuando se han tenido dos o más crisis.

Principales síntomas

La epilepsia provoca síntomas que afectan al comportamiento, al movimiento o al grado de conciencia sobre lo que ocurre alrededor. La persona puede tener espasmos violentos y llegar a perder el conocimiento, pero hay veces que sus efectos no son tan visibles y es difícil reconocerlos. En ocasiones sólo presenta confusión y fija la mirada en algún sitio lejano en el que no hay nada.

Un alto porcentaje de quienes tienen epilepsia saben cuándo van a tener una crisis de manera inmediata. Experimentan sensaciones, denominadas auras, que le hacen tomar conciencia de lo que va a pasar.  Existen dos tipos de crisis:

  • Afectan a todo el cerebro y causan pérdida de conocimiento.
  • Se focalizan en una zona determinada del cerebro y causan confusión o sensaciones extrañas en los sabores y olores.

La mayoría de las personas no sabe que tiene esta enfermedad hasta que no aparecen las primeras convulsiones. Las crisis tienen una duración breve, de segundos o minutos. Una vez terminadas el cerebro vuelve a funcionar de manera normal. El 50% de los casos se suelen dar antes de 10 años. Principalmente con una epilepsia rolándica, con crisis por las mañanas, nada más despertarse, o mientras el pequeño duerme. También los mayores de 65 años son un grupo de riesgo importante.

Es fácil hacer vida normal teniendo epilepsia. El 70% de los enfermos, con una medicación adecuada, vive su día a día igual que el resto de personas. Esta enfermedad no se cura, pero con medicación se pueden controlar las convulsiones.

Causas de epilepsia

En la mitad de los casos es complicado conocer las causas y se denominan epilepsias idiopáticas. Otras se saben que están producidas por un problema de salud, por una lesión que afecta al cerebro o por una causa desconocida. Las más comunes son:

  • Enfermedades de hígado, riñones, diabetes o alcoholismo
  • Demencias
  • Accidentes cerebrovasculares
  • Antecedentes familiares
  • Lesiones cerebrales traumáticas
  • Trastornos metabólicos o lesiones cerebrales al nacer
  • Tumores cerebrales
  • Infecciones que afectan al cerebro
  • Hemorragias cerebrales

Saber actuar

Cuando se está cerca de alguien que tiene una crisis epiléptica es importante saber actuar. Lo fundamental es mantener la calma y evitar que la persona no se lesione mientras está convulsionando, colocando una almohada o algo blando bajo la cabeza y quitando cualquier objeto cercano con el que se pueda hacer daño. También se recomienda desabrochar la ropa que está cerca del cuello y colocar al enfermo en posición decúbito lateral, para que respire mejor. No se debe intentar inmovilizar a la persona ni meterle nada en la boca. Tampoco se le debe dar ninguna bebida o alimento.

Ante la mínima sospecha de que alguien tiene epilepsia hay que acudir al neurólogo para que realice un diagnóstico y ponga tratamiento. Lo más frecuente es la prescripción de fármacos antiepilépticos, que ayudan a controlar las crisis en un 80% de pacientes. Cuando no se responde a esta medicación el médico opta por combinar varios fármacos.

Como última medida, cuando ninguna medicación funciona se habla de epilepsia refractaria. Se puede realizar una cirugía para estimular el nervio vago o colocar un electrodo bajo la piel. Las pruebas que sirven para diagnosticar esta enfermedad son el electroencefalograma, el TAC de cabeza y la Resonancia Magnética (RM) de cerebro.

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