Una crisis de migraña puede hacer muy difícil mantener una jornada laboral normal. El dolor intenso, las náuseas, la sensibilidad a la luz o al ruido y, en algunos casos, las alteraciones visuales pueden limitar la concentración y hacer imposible realizar determinadas tareas.
No todas las migrañas requieren una baja laboral. Muchas personas consiguen controlar los episodios con tratamiento y pueden continuar con su actividad habitual. Sin embargo, cuando los síntomas impiden trabajar con normalidad o seguridad, el médico puede considerar necesaria una incapacidad temporal.
¿Cuándo puede ser necesaria una baja por migraña?
La decisión depende de la intensidad de los síntomas y de las características del trabajo. Una misma crisis puede tener consecuencias muy diferentes para una persona que trabaja desde casa y para otra que conduce, utiliza maquinaria o necesita mantener una elevada concentración durante toda la jornada.
La baja puede ser necesaria cuando aparecen situaciones como:
- Dolor intenso e incapacitante. Puede impedir concentrarse, utilizar pantallas o mantener la actividad durante varias horas.
- Náuseas o vómitos. En las crisis más fuertes pueden dificultar considerablemente cualquier actividad.
- Alteraciones visuales. Algunas personas presentan aura, con destellos, puntos luminosos o zonas de visión alterada.
- Sensibilidad a la luz y al ruido. La iluminación de una oficina, las pantallas o determinados ambientes pueden agravar los síntomas.
- Crisis prolongadas o muy frecuentes. Cuando los episodios se repiten, su repercusión sobre la actividad laboral puede ser considerable.
El diagnóstico de migraña por sí solo no determina la necesidad de una baja. Lo que se valora es hasta qué punto los síntomas impiden desempeñar el trabajo.
¿Cuánto dura una baja laboral por migraña?
No existe una duración fija. Una crisis de migraña puede durar desde unas horas hasta varios días y la recuperación es diferente en cada persona.
Las guías clínicas del NICE establecen que una crisis de migraña puede durar habitualmente entre 4 y 72 horas. Esto no significa que la baja tenga necesariamente esa duración, ya que el médico debe valorar la evolución y la capacidad para volver al trabajo.
También puede existir una fase posterior al dolor en la que persisten cansancio, dificultad para concentrarse o sensación de agotamiento.
El tipo de trabajo vuelve a ser importante. Las alteraciones visuales, por ejemplo, pueden impedir conducir profesionalmente, aunque otros síntomas sean moderados.
Esta variabilidad ayuda a entender por qué unas bajas laborales duran más que otras, incluso cuando el diagnóstico es similar.
Migraña y dolor de cabeza no son lo mismo
No cualquier dolor de cabeza es una migraña. La cefalea tensional suele provocar una sensación de presión u opresión de intensidad leve o moderada. La migraña puede producir un dolor más intenso, frecuentemente pulsátil, que empeora con la actividad y puede acompañarse de náuseas y sensibilidad a la luz o al sonido.
En algunas personas aparece además el denominado aura, que puede provocar alteraciones visuales o sensitivas antes o durante la crisis.
Diferenciar correctamente el tipo de cefalea es importante porque también cambia el tratamiento.

¿Qué ocurre cuando las migrañas son muy frecuentes?
Algunas personas presentan episodios aislados y otras conviven con dolores de cabeza durante muchos días al mes.
Se considera migraña crónica cuando existen cefaleas durante 15 o más días al mes durante más de tres meses, con características de migraña al menos ocho de esos días.
En estos casos, el impacto laboral puede ser especialmente importante. No necesariamente porque se produzca una baja prolongada, sino porque pueden acumularse ausencias breves, dificultades para mantener el rendimiento o jornadas trabajadas con síntomas.
Continuar trabajando durante una crisis intensa también puede convertirse en un problema de presentismo laboral: la persona está en su puesto, pero su estado de salud reduce considerablemente su capacidad para trabajar.
¿Cómo se solicita una baja por migraña?
Cuando los síntomas impiden trabajar, es necesaria una valoración médica. El profesional sanitario tendrá en cuenta la intensidad y duración de las crisis, su frecuencia, los síntomas asociados, la respuesta a los tratamientos y las características del puesto de trabajo.
En personas con episodios recurrentes puede ser útil llevar un registro de las crisis. Anotar cuándo aparecen, cuánto duran, qué síntomas producen y qué tratamiento se utiliza ayuda a identificar patrones y facilita la valoración médica.
Si existe una incapacidad temporal para trabajar, se emitirá el correspondiente parte de baja. En España, cuando la migraña se considera enfermedad común, la incapacidad temporal se gestiona con carácter general a través del Servicio Público de Salud.
Tratamiento y prevención de nuevas crisis
El tratamiento depende de la frecuencia e intensidad de los episodios. Durante las crisis pueden utilizarse diferentes medicamentos para controlar el dolor y otros síntomas. Cuando las migrañas son frecuentes o interfieren significativamente en la vida diaria, el médico también puede valorar un tratamiento preventivo.
Además, determinados hábitos pueden ayudar a algunas personas a reducir los episodios. Mantener horarios de sueño relativamente regulares, una hidratación adecuada y evitar cambios bruscos en las rutinas puede resultar beneficioso.
No obstante, la migraña es una enfermedad neurológica y no debe atribuirse simplemente al estrés o a unos malos hábitos.
También debe vigilarse el uso excesivo de analgésicos. Tomarlos con demasiada frecuencia puede favorecer la aparición de cefalea por sobreuso de medicación y terminar aumentando el número de días con dolor.
¿Cuándo hay que consultar urgentemente?
Un dolor de cabeza repentino y extremadamente intenso necesita valoración médica urgente, especialmente si alcanza su máxima intensidad en muy poco tiempo.
También requieren atención rápida síntomas como pérdida de conciencia, confusión, debilidad en una parte del cuerpo, fiebre acompañada de rigidez de cuello o alteraciones neurológicas que no habían aparecido anteriormente.
Cuando un dolor de cabeza presenta características distintas de las habituales tampoco conviene asumir que se trata simplemente de otra migraña.
¿Se puede trabajar teniendo migraña?
Entre las crisis, la mayoría de las personas con migraña puede desarrollar una actividad profesional normal.
Durante un episodio, la situación cambia. Trabajar frente a una pantalla puede resultar especialmente difícil si existe fotofobia, mientras que las alteraciones visuales o de concentración pueden hacer inseguras actividades como conducir o manejar maquinaria.
En otros casos, pequeñas adaptaciones pueden ayudar a mantener la actividad: reducir temporalmente la exposición a luces intensas, realizar pausas, flexibilizar el horario o trabajar desde casa cuando el puesto lo permita.
Lo importante es evitar que la necesidad de cumplir con la jornada lleve a retrasar la atención sanitaria. Posponer una consulta médica puede dificultar el control de problemas de salud que podrían abordarse antes.
Volver al trabajo después de una baja por migraña
La reincorporación suele producirse cuando los síntomas han mejorado lo suficiente como para recuperar la actividad habitual.
En personas con episodios frecuentes, además de tratar cada crisis, conviene buscar formas de reducir su recurrencia. Una valoración médica adecuada puede permitir ajustar el tratamiento e identificar medidas que ayuden a disminuir su repercusión laboral.
También es importante evitar reincorporaciones precipitadas cuando todavía existen síntomas que afectan significativamente al rendimiento. Una recuperación incompleta puede favorecer nuevas ausencias y situaciones similares a las que aparecen en las recaídas después de una baja laboral.
Para las empresas, facilitar un acceso rápido a la atención sanitaria puede ayudar a que problemas como las migrañas recurrentes sean diagnosticados y tratados antes de que afecten de forma continuada al trabajo. Saludonnet permite ofrecer a los empleados acceso a medicina general, neurología y otros servicios médicos privados mediante un modelo flexible y sin necesidad de contratar un seguro médico tradicional.
